En el corazón de la Universidad Autónoma del Estado de México, la física dejó de ser una fórmula abstracta para convertirse en una conversación urgente sobre ética, responsabilidad y futuro. La protagonista fue Ana María Beatriz Cetto Kramis, pionera de la ciencia mexicana y referente internacional, quien visitó la Autónoma mexiquense para impartir la conferencia magistral “La Física al servicio de la paz” en el marco del Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia.
Ante un Patio del Centenario lleno de estudiantes, Ana Beatriz no habló solo de partículas o teorías. Habló de decisiones. Recordó que la física nació hace más de tres mil años como el estudio de la naturaleza y que hoy sigue siendo una herramienta poderosa capaz de transformar el mundo. Puede mejorar la salud, proteger el medio ambiente y elevar la calidad de vida. Pero también —advirtió— ha sido utilizada para la guerra, como ocurrió con el desarrollo de armas nucleares.
Jóvenes universitarios frente a su responsabilidad ética
Su mensaje fue directo para las y los jóvenes: hacer ciencia implica una doble responsabilidad. Investigar, innovar y descubrir, sí; pero también actuar con conciencia ética. Cada estudiante puede elegir hacia dónde orientar su conocimiento. La ciencia no es neutral cuando se aplica: puede servir a la destrucción o convertirse en una aliada de la paz.
La rectora, Martha Patricia Zarza Delgado, subrayó que el reto actual es resignificar la ciencia como algo cercano y cotidiano, especialmente para niñas y mujeres que históricamente han enfrentado barreras en estos espacios. Destacó que la administración universitaria impulsa acciones concretas para ampliar el acceso al conocimiento y fortalecer la participación femenina en áreas STEM.
Durante la jornada también se realizó la primera edición de la Feria de Divulgación Científica CienciaCercana, un espacio diseñado para demostrar que el conocimiento no vive encerrado en laboratorios, sino que dialoga con la vida diaria. En ese ambiente, la presencia de Ana Beatriz se convirtió en algo más que una visita protocolaria: fue un recordatorio de que las universidades públicas existen para generar conocimiento con sentido social.
Al final, estudiantes como Ana Karen Paredes y Rocío Shirley Salcedo coincidieron en una idea que resumió la conferencia: la ciencia es profundamente humana. Implica observar la realidad, cuestionarla y transformarla. Cuando se guía por la ética, puede ser una fuerza real para construir paz.
Para una generación universitaria que busca propósito, la intervención de Ana Beatriz dejó una pregunta abierta: ¿para qué quieres usar lo que sabes?





















































