La ONU señala que los días internacionales sirven para poner a disposición del público en general información sobre cuestiones de interés, movilizar la voluntad política y los recursos para abordar los problemas mundiales y reforzar los logros de la humanidad, en Prensa Universitaria, nos sumamos a este esfuerzo para remarcar una fecha de vital importancia en la lucha de las mujeres por la igualdad.
Cada año, el 8M plantea la oportunidad para que las sociedades de distintas latitudes del mundo puedan reflexionar, evaluar y corregir las políticas y acciones realizadas en favor de las mujeres y las niñas. Es también un momento para recordar a todas aquellas activistas, en su momento y contexto histórico, lucharon por sus derechos y, sin saberlo del todo, abrieron la brecha para que, en la actualidad, mujeres y niñas, tengan horizontes más promisorios de los que muchas de ellas mismas alcanzaron a ver.
El 8M y su significado
El 8 de marzo no es una fecha para felicitar o enviar flores, es un día para conmemorar las luchas de las mujeres a lo largo de la historia en busca de la igualdad y la justicia. Se ha convertido en un momento de hermandad y solidaridad entre ellas en el que reivindican causas que les atañen, tales como la lucha en contra de la violencia y la discriminación, por lo que se afirma que, ante las condiciones desfavorables que afectan a muchas mujeres en el mundo, “no hay nada que celebrar”.
Derecho al voto, mejoras salariales y mejores condiciones de trabajo, fueron algunas de las primeras reivindicaciones que plantearon las feministas de principios de siglo XX, quienes enfrentaron discriminación, explotación, acoso y además burlas de una sociedad que catalogaba sus problemas como poco importantes y sus planteamientos como peligrosos para las buenas costumbres y el orden público.
Retos actuales
Si bien ha habido avances de gran importancia respecto a dichos reclamos, todavía no es posible hablar de una victoria completa o generalizada, siendo que, en pleno siglo XXI, los derechos de las mujeres se ven afectados, por la región, las costumbres, las diferentes legislaciones, el origen étnico, la edad o la condición social, entre otros factores, lo que da como resultado que muchas mujeres sean víctimas de discriminaciones acumuladas.
Acceso a la justicia
El acceso a la justicia sigue siendo uno de los mayores retos para las mujeres y las niñas. A la falta de credibilidad de que son objeto, la escasez de recursos propios para acceder a servicios de defensa y la generalizada impunidad de los agresores, se suma la falta de atención por parte de los gobiernos.
Este año la ONU resalta tres grandes problemáticas aún por resolverse: el consentimiento en el ejercicio libre de la sexualidad, el matrimonio infantil, aún permitido en muchos países y la anhelada igualdad salarial, que, de acuerdo con las cifras, sigue siendo un asunto pendiente:

Tecnologías y nuevos desafíos
Por si esto fuera poco, nuevos espectros potenciados por las tecnologías, tales como el ciberacoso, la pornografía, la divulgación de materiales audiovisuales privados y, más recientemente, la creación de imágenes denigrantes a partir de inteligencias artificiales, exponen a las mujeres a riesgos adicionales para su seguridad y reputación.

Las graves afectaciones que estos deepfakes producen en la salud mental y en la vida, tanto laboral, como familiar de las víctimas, se incrementan ante los vacíos legales que impiden abordar las denuncias, las mujeres quedan indefensas ante un fenómeno que puede alcanzar una difusión transnacional.
En México, brecha salarial y desigualdad económica
En nuestro país, este año INEGI hace énfasis en las diferencias laborales y económicas que enfrentan las mexicanas: En 2025, la población de 15 años y más fue de 103.1 millones de personas, 53.1 % de las cuales, son mujeres. Sobre la brecha salarial, agrega “de las mujeres ocupadas, 46.7 % tuvo un ingreso de hasta un salario mínimo y 5.6 % no recibió ingresos, en contraste con los hombres (34 y 4.8 %, respectivamente)”. Asimismo, menciona que hay 24.3 millones de mujeres ocupadas en el mercado laboral, pero de ellas el 55.9 % se encontraba en ocupación informal, lo que significa: incertidumbre laboral, ausencia de prestaciones y servicios de salud, en suma, precariedad.
Así que, a pesar de que en los últimos diez años hubo un incremento importante en la población femenina con estudios superiores (del 27.2% en 2015 al 38.3% en 2025), las condiciones de desigualdad siguen vigentes y probablemente continúen así mientras no haya un verdadero cambio en materia de cuidados, crianza y trabajo doméstico; es decir, mientras las mujeres sean las principales responsables de tales tareas, se verán en la necesidad de buscar espacios laborales que sacrifiquen el desarrollo profesional y el salario, a cambio de flexibilidad en horarios.
Reconociendo los enormes avances que las mujeres han conseguido a lo largo de lo que llamamos “Era moderna”, es imprescindible reconocer también, que aún queda un largo camino por recorrer y que lamentablemente, este no está a salvo de retrocesos.



















































