Hace un par de días, un grupo de expertas de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) emitió un comunicado en relación con los delitos revelados tras la liberación de los llamados “Archivos Epstein”. Señalaron que la forma “defectuosa” en que las autoridades dieron a conocer la información socava las posibilidades de imputar responsabilidades a las personas que participaron en lo que ellas califican como crímenes contra la humanidad.
Es mucho lo que se ha escrito, especulado y hasta inventado en torno a este caso, de lo que se da a conocer y la forma en que las autoridades norteamericanas han abordado la información, permite entrever que las víctimas no tendrán el acceso a la justicia que se merecen y que hay personas prominentes que podrían salir del paso en total impunidad a pesar de su participación comprobada en hechos que las expertas describen como “atrocidades, graves, sistemáticas y de carácter transnacional, en contra de las mujeres y las niñas”.
Hasta ahora, el Departamento de Justicia de Estados Unidos ha liberado millones de expedientes que incluyen textos, videos e imágenes. Las autoridades han reservado las identidades de una buena parte de los implicados, pero no han mostrado el mismo sigilo con datos sensibles de las víctimas, lo que obligó a retirar algunos documentos ante los reclamos de quienes expresamente solicitaron salvaguardar su identidad y al verse expuestas sufrieron revictimización. Algo en lo que pensar, si se tiene en cuenta que las mujeres mencionadas en tales archivos, son apenas un 30% de quienes aparecen en ellos y que no todas las mencionadas están reconocidas oficialmente como víctimas.
Ghislaine Maxwell, la cómplice
Los temores de impunidad que expresan las expertas en el comunicado, tienen una base muy sólida, ya que, al momento y tras los años que lleva el caso bajo el escrutinio público, solamente dos personas han sido condenadas por los crímenes señalados: el mismo Jeffrey Epstein y su pareja Ghislaine Maxwell. Del primero, se sabe que fue detenido en 2008 y condenado a 18 meses de cárcel por cargos de solicitud de prostitución a menores de edad, de dicha condena cumplió únicamente 13 meses. Su siguiente arresto por tráfico de menores y conspiración fue en 2019, pero debido a su muerte —declarada oficialmente como suicidio— el caso no llegó a juicio y fue desestimado, dejando en el misterio todas las conexiones que pudieran llevar a la captura de depredadores sexuales y coautores de los actos señalados.
Esto dejó a Maxwell como la única persona condenada por su complicidad en los delitos de tráfico y explotación sexual de menores, ella está en la cárcel desde 2021, con una condena de 20 años. Recientemente, en redes sociales circuló un video captado por la cámara de seguridad de su celda en el que aparece realizando acciones monótonas y rutinarias, lejos del glamour que caracterizaba sus apariciones públicas en reuniones de la alta sociedad.
En fechas recientes Maxwell se apegó a la Quinta Enmienda que le garantiza el derecho a permanecer en silencio, en su breve comparecencia intentó negociar sus revelaciones a cambio de clemencia. Las víctimas la han señalado como la pieza en la cúspide del sistema piramidal de reclutamiento de menores para el tráfico sexual.
Virginia Giuffre, la víctima
Uno de los nombres más destacados en la exposición del entramado de cooptación y operación del tráfico sexual de menores fue el de Virginia Giuffre, quien expuso fotografías de ella, cuando era menor de edad, con el príncipe Andrés, dejando ver la magnitud del escándalo que se avecinaba, especialmente por la prominencia de los personajes involucrados en la explotación sexual de las niñas.
Si bien, ya en 1996, las hermanas Farmer habían denunciado agresiones por parte de Epstein y Maxwell, sin haber recibido seguimiento por parte de las autoridades; no fue sino hasta que Giuffre señaló como agresor al príncipe de Inglaterra, que el caso ganó notoriedad. Otro factor de importancia fueron algunos cambios en la legislación norteamericana, específicamente el «Child Victims Act» de Nueva York, que permitió a las víctimas de abuso sexual infantil presentar denuncias, aunque el delito hubiera prescrito.
Giuffre también reveló la forma de operación de la red de tráfico, el reclutamiento de mujeres jóvenes que a su vez invitaban a amigas con la promesa de un supuesto empleo con un sueldo atractivo para una menor de edad, tarde se daban cuenta de que el supuesto trabajo consistía en esclavitud sexual.
Como muchas víctimas de abuso sexual, Giuffre inicialmente sufrió el intento de descrédito por parte de los perpetradores, sin embargo, romper el silencio motivó a otras víctimas a hacer pública su experiencia, mostrando ciertos patrones de vulnerabilidad económica o emocional durante su adolescencia, algo que los traficantes aprovecharon en su beneficio. En abril del año pasado, su familia dio a conocer que había muerto por suicidio a la edad de 41 años.
Pam Bondi, la encubridora
La trama Epstein-Maxwell ha alcanzado los niveles más altos de la sociedad, nada menos que el actual presidente de Estados Unidos aparece en fotos y videos socializando con la pareja, así como el expresidente Bill Clinton y otros renombrados personajes.
Ciertamente se trata de un escándalo que involucra a miembros de las élites de varias naciones, pero los vínculos con personas de la política, las finanzas y el espectáculo de Estados Unidos, específicamente, han llevado a muchos ciudadanos a preguntarse por qué las autoridades no han procedido legalmente contra figuras reconocidas que podrían haber incurrido en conductas delictivas. La propia liberación de los expedientes, como se señaló al principio, ha sido “defectuosa”, fragmentada y lenta.
El peso de garantizar justicia a las víctimas recae sobre los hombros de la fiscal norteamericana, Pamela Bondi, quien recientemente compareció ante el Congreso para ser interrogada sobre el caso. Según la BBC, lo primero que los legisladores le reclamaron fue el manejo de los documentos, ya que, por un lado se ocultaron nombres de los implicados, mientras que, por otro, se revelaron datos sensibles de las víctimas a quienes, según se dijo, no les ha brindado la atención necesaria.
También se le solicitó que G. Maxwell fuera trasladada cuanto antes a una prisión de máxima seguridad. La sesión se tornó acalorada cuando el congresista Ted Lieu le preguntó sobre las menciones del presidente Trump en el caso y las acusaciones de violencia sexual que pesan sobre él. Bondi perdió la compostura – y la imparcialidad- al asegurar que las acusaciones eran falsas e infundadas y se apegó al guion de que se trataba de manejos políticos para dañar la imagen del presidente.
Así pues, en una red transnacional en la que más del 60% de los implicados son hombres poderosos, no se ha visto ninguna consecuencia de importancia para ninguno de ellos Algunos ha sufrido algo de desprestigio (disimulado por la indulgencia social hacia los comportamientos de abuso masculino) y, en el peor de los casos, han enfrentado la destitución de puestos importantes en compañías hipócritas que no quieren ver su marca vinculada con el escándalo más vergonzoso de la década, pero hasta el momento, más bien parece existir una urgencia (instigada desde la Casa Blanca), por cerrar el capítulo y dar vuelta a la página.




















































