Un grupo de estudiantes del Plantel Cuauhtémoc de la Escuela Preparatoria de la UAEMéx decidió enviar una denuncia anónima a medios de comunicación. No firmaron con nombre y apellido. No dieron la cara. No porque necesariamente carezcan de razones, sino porque afirman tener miedo.
En una universidad pública, el miedo estudiantil no puede tratarse como un detalle menor ni como una exageración juvenil. Cuando los alumnos sienten que para denunciar deben ocultar su identidad, lo que está en juego no es solo un proceso interno de dirección. Lo que aparece es una falla más profunda en la confianza institucional.
La denuncia señala presuntas presiones, uso de espacios académicos y respaldo institucional hacia uno de los aspirantes a la dirección del plantel. Los estudiantes también compartieron capturas y dos videos breves que, por sí mismos, no prueban una irregularidad. Sí muestran, sin embargo, un contexto que amerita revisión. En esos materiales se habla de continuidad, de un proyecto iniciado años atrás y de un grupo de trabajo relacionado con actores de la vida interna del plantel.
No se trata de condenar a nadie,pero tampoco se trata de cerrar los ojos frente a una denuncia que llega acompañada de indicios y, sobre todo, de una frase que debería incomodar a cualquier autoridad universitaria. Los estudiantes dicen tener miedo.
En la UAEMéx, además, ese miedo no aparece en el vacío. La propia Defensoría de los Derechos Universitarios señala que las denuncias ante esa instancia no son anónimas y que la persona usuaria debe proporcionar sus datos. Eso puede ser razonable desde una lógica administrativa, pero también ayuda a entender por qué un estudiante que teme represalias puede preferir acudir a medios antes que exponerse en una ventanilla institucional.
La pregunta de fondo es sencilla. ¿Qué tan libre puede ser una comunidad universitaria si sus estudiantes creen que hablar puede costarles calificaciones, trámites, becas, recomendaciones, tranquilidad o permanencia simbólica dentro de su propio plantel?
Yo no puedo leer este caso como un asunto aislado. Durante años, Prensa Universitaria ha documentado tensiones entre la UAEMéx, la crítica pública y la libertad de expresión. En 2017, Artículo 19 documentó que fui agredido física y materialmente mientras cubría un acto de campaña electoral en instalaciones universitarias. No fue una anécdota menor. Fue parte de una relación incómoda entre el poder universitario y quienes intentamos mirar a la institución desde fuera del discurso oficial y no porque este sea incorrecto, sino porque no siempre armoniza con la realidad.
Por eso, cuando hoy un grupo de estudiantes dice que teme represalias, no me parece correcto responder con desconfianza automática. Es un hecho que el anonimato no prueba que tengan razón, pero también lo es que tampoco permite descartarlos. En determinados contextos, el anonimato no es cobardía. Puede ser el único recurso de quien se sabe en desventaja frente a una estructura jerárquica.
Y una universidad es, por definición, una estructura jerárquica. Hay docentes que califican. Directivos que autorizan. Administrativos que tramitan. Consejos que deciden. Autoridades que validan. Frente a eso, un estudiante no siempre se siente ciudadano universitario. Muchas veces se siente usuario, subordinado o expediente.
Ese es el problema.
La universidad pública no solo debe enseñar libertad de expresión en sus planes de estudio. Debe practicarla en sus pasillos. Debe permitir que un estudiante cuestione sin ser marcado. Que un profesor critique sin ser marginado, mermado en sus horas clase o despedido. Que un periodista pregunte sin ser bloqueado. Que una comunidad opine sin que la respuesta institucional sea el silencio, la descalificación o el cálculo político.
La propia UAEMéx ha puesto en circulación una palabra poderosa. Rizomas. La ha usado para nombrar una red comunitaria orientada a la igualdad, al acompañamiento, a la prevención de violencias y a la construcción de espacios universitarios más seguros. La idea, al menos en el discurso, es valiosa. Un rizoma no crece desde un solo centro ni obedece únicamente a una estructura vertical. Se extiende por nodos, conecta territorios, escucha desde los espacios concretos y permite que una comunidad hable desde sus propias experiencias.
Pero precisamente por eso la palabra no debería quedarse encerrada en una ceremonia institucional.
Si los rizomas significan escucha, cercanía, cuidado y acompañamiento, entonces tendrían que servir también para escuchar a estudiantes que dicen tener miedo. Porque el miedo a denunciar, el miedo a disentir o el miedo a no alinearse con un grupo de poder también son formas de violencia dentro de una universidad pública. Tal vez no siempre aparecen como golpes, gritos o sanciones visibles. A veces operan de manera más silenciosa. En una insinuación. En una advertencia. En la promesa de un beneficio. En la amenaza de una calificación. En el mensaje no dicho de que conviene callar, para no meterse en problemas, para no poner en juego el presente laboral o el futuro profesional.
Por eso el caso del Plantel Cuauhtémoc no debería leerse como una contradicción menor entre discurso institucional y práctica cotidiana. Debería leerse como una prueba para ese nuevo lenguaje universitario. Si la UAEMéx habla de redes horizontales, de cultura de paz y de acompañamiento, entonces la pregunta es inevitable. ¿Esas redes también van a proteger a quienes denuncian presiones políticas internas? ¿También van a escuchar a quienes no se sienten seguros para firmar una queja? ¿También van a acompañar a estudiantes que temen represalias por no sumarse a una candidatura?
El concepto de rizoma puede ser mucho más amplio que un programa administrativo. Puede ser una forma de entender la democracia universitaria. Una universidad rizomática no escucha solo desde Rectoría, desde las direcciones o desde los comunicados oficiales. Escucha desde los salones, desde los pasillos, desde las preparatorias, desde las facultades, desde las voces incómodas y también desde aquellas que todavía no se atreven a dar la cara.
Ahí está el reto. Que los Rizomas para la Igualdad no se conviertan en una palabra bonita para el discurso institucional, sino en una práctica real de protección comunitaria. Porque si la universidad pretende construir espacios libres de violencia, también debe incluir la construcción de espacios libres de miedo.
Escuchar denuncias de violencia de género es indispensable. Pero una universidad pública no puede limitar la escucha al tipo de violencia que mejor encaja en sus programas. También debe escuchar las violencias políticas, las presiones jerárquicas, la censura, el hostigamiento contra voces críticas y el miedo estudiantil a expresarse. De lo contrario, se corre el riesgo de construir una política de cuidados que atiende algunas heridas, pero deja intactos los mecanismos de poder que producen silencio.
Los antecedentes recientes tampoco ayudan a disipar esa preocupación. Durante el proceso de sucesión de la Rectoría, distintos episodios mostraron tensiones entre protesta estudiantil, libertad de expresión y control institucional. Hubo estudiantes que denunciaron falta de piso parejo, inconformidades por el proceso sucesorio y reclamos para que los medios universitarios abrieran espacios reales de expresión, sin filtros ni condicionamientos.
Nada de esto significa que todos los señalamientos actuales sean del todo ciertos. Pero sí demuestra que la UAEMéx arrastra una tensión pendiente con la crítica interna, con la participación estudiantil y con la apertura de sus procesos de decisión.
El caso del Plantel Cuauhtémoc debe leerse desde ahí.
No basta con decir, lo que siempre se dice, que hay cauces institucionales. Esa carta ya está muy gastada, porque los cauces solo sirven si quienes los necesitan confían en ellos. Y si una parte de la comunidad estudiantil prefiere enviar una carta anónima a medios, lo primero que tendría que preguntarse la institución no es quién filtró el documento, sino qué condiciones hicieron que esos alumnos sintieran que no podían hablar de frente.
La autonomía universitaria no puede convertirse en una muralla para impedir el escrutinio. La autonomía exige responsabilidad, transparencia y capacidad de autocrítica. Una universidad autónoma no es la que se cierra ante toda crítica externa, sino la que puede revisar sus conflictos internos sin perseguir a quienes los hacen visibles.
Por eso, más que una respuesta defensiva, el Plantel Cuauhtémoc y la UAEMéx necesitan una respuesta institucional seria. Una revisión imparcial de este y otros procesos que están en curso. Garantías reales de confidencialidad. Protección para quienes quieran declarar. Derecho de respuesta para las personas señaladas. Y una explicación clara a la comunidad sobre cómo se está garantizando que la opinión estudiantil se exprese sin presión.
Siempre he creído que cuando una universidad pública produce miedo, algo se rompe en su misión más elemental, porque deja de ser espacio de pensamiento crítico y se convierte en territorio de cálculo, silencio y supervivencia. Eso, en una institución que presume formar ciudadanos, debería ser inaceptable.
Hasta ahora, los señalamientos del grupo estudiantil deben entenderse como una denuncia que requiere investigación, no como hechos plenamente acreditados. Pero el temor que expresan sí merece atención inmediata. No por conveniencia política. No por presión mediática. Porque de no escuchar a sus estudiantes cuando hablan con miedo corre el riesgo de acostumbrarse a gobernar sobre el silencio.
Si los rizomas universitarios quieren ser algo más que una metáfora bien presentada, y hago votos para que lo logren, tendrían que empezar precisamente ahí. Donde la voz de cualquiera de sus integrantes no llega limpia, segura y firmada, sino rota por el miedo. Donde la igualdad no se mide en discursos, sino en la posibilidad real de disentir sin pagar consecuencias. Donde la autonomía no se usa para blindar al poder, sino para proteger a la comunidad.
¿A qué quedaría reducida una universidad pública que habla de igualdad, pero no protege la libertad de expresión de los que disienten o de los que tienen miedo de hacerlo fuera del anonimato?






















































