Hay infancias que crecen con una ausencia que no siempre se nombra. No es la muerte ni el abandono. Es la prisión. En México, miles de niñas, niños y adolescentes viven con uno o ambos referentes de crianza privados de la libertad, una realidad que rara vez ocupa el centro de la conversación pública.
En ese contexto, la Universidad Autónoma del Estado de México y el Poder Judicial del Estado de México decidieron colocar el tema en la agenda institucional mediante un convenio de colaboración que busca abrir rutas de investigación, visibilización y acción.
El acuerdo cobra relevancia si se considera que estas infancias enfrentan múltiples formas de exclusión. Hay estigmatización social, rupturas familiares, precariedad económica y una relación distante con el sistema de justicia que también termina por afectar sus vidas. A pesar de ello, pocas políticas públicas han abordado el problema de manera estructural.
Las cifras ayudan a dimensionar el tamaño del fenómeno. De acuerdo con la Encuesta Nacional de Población Privada de la Libertad del Instituto Nacional de Estadística y Geografía, alrededor de 60.7 por ciento de las personas privadas de la libertad en el país tienen hijas o hijos. A partir de este dato oficial, la organización Documenta A.C. estima que existen cerca de 267 mil niñas, niños y adolescentes con al menos un padre o madre en prisión en México, una cifra que permite dimensionar el alcance social del sistema penitenciario más allá de quienes cumplen una condena.
La realidad se vuelve aún más compleja dentro de los propios centros penitenciarios. La Comisión Nacional de los Derechos Humanos ha documentado que en México niñas y niños menores de tres años pueden vivir con sus madres privadas de la libertad, mientras que diversos estudios académicos y análisis jurídicos sitúan esta población en alrededor de 300 menores a nivel nacional, evidenciando las condiciones particulares en las que se desarrolla su primera infancia.
La iniciativa se articula a través de la Cátedra de Investigación “Infancias con referentes de crianza en prisión. Infancia es destino”, un espacio que pretende analizar el fenómeno desde distintas disciplinas. Más allá del discurso académico, el reto consiste en transformar ese conocimiento en acciones concretas.
Durante la presentación del proyecto también se dieron a conocer dos obras que abordan el tema desde distintas miradas. Maternidades y paternidades desde las prisiones del Estado de México y Miradas multidisciplinares a la protección de derechos de niñas, niños y adolescentes con referentes de crianza en prisión coinciden en una idea central. Estas infancias han sido históricamente invisibles.
El problema no es únicamente jurídico, sino profundamente social. Cuando una persona es encarcelada, la sanción se extiende de facto a su entorno familiar. Hijas e hijos quedan atrapados en una zona gris donde sus derechos no siempre son garantizados ni plenamente reconocidos.
Desde las instituciones, el discurso apunta hacia la generación de protocolos, políticas públicas y mecanismos de sensibilización. Sin embargo, la pregunta de fondo permanece. Hasta qué punto estas iniciativas lograrán trascender el ámbito académico y convertirse en cambios reales en la vida cotidiana de estas infancias.
Especialistas y participantes del proyecto coinciden en que visibilizar es apenas el primer paso. El verdadero desafío es romper con la lógica de indiferencia que ha mantenido este tema al margen durante años.






















































