En la contienda por la Dirección de la Facultad de Contaduría y Administración 2026-2030 también se juega en el equipo que cada aspirante decide llevar consigo, porque esas personas suelen terminar ocupando subdirecciones, coordinaciones y espacios de decisión una vez ganada la elección.
Ahí es donde la candidatura de la Dra. Renata Cuevas merece la pregunta directa ¿Por qué su representante es la Dra. Michelle Valdespín Valdés?
El expediente sobre Valdespín no es un rumor de pasillo porque cuanta con un documento oficial de la propia UAEM: la Recomendación 01/2017 de la Defensoría de los Derechos Universitarios, publicada en la Gaceta Universitaria núm. 272 (febrero de 2018), cuando Valdespín dirigía el Centro Universitario UAEM Tenancingo. Ahí, la Defensoría concluyó —con la propia Valdespín reconociendo haber dirigido «palabras inadecuadas» a un trabajador— que incurrió en tratos violatorios de la dignidad de su personal, incluyendo el hecho, también aceptado por ella, de haber obligado a un trabajador a bajar de un vehículo institucional en un parque de Metepec. La Defensoría lo calificó como violación a los artículos 16 y 31 del Estatuto Universitario.
Ese expediente se vio acompañado, meses antes, por la denuncia pública de que Valdespín agredió física y verbalmente a la alumna Tania Guadalupe Bustos López tras una petición de cambio de aula, y la amenazó con sabotear su carrera —denuncia documentada en agosto de 2017 y dirigida entonces al propio rector Alfredo Barrera Baca, a la Defensoría y a la Abogada General.
Para 2018, más de 250 estudiantes del CUT firmaron un escrito exigiendo su destitución «definitiva», junto con la del entonces Coordinador de Floricultura, Rómulo García Velasco, señalado por sustraer y falsificar la firma de una trabajadora administrativa en tarjetas de asistencia —por instrucciones, afirman los propios estudiantes, de Valdespín— hecho respaldado en una sentencia del Juzgado Civil de Tenancingo del 31 de agosto de 2018.
Lo relevante no es solo la gravedad de las acusaciones. Es que, pese a estar documentadas en un órgano oficial de la propia universidad, exhibidas públicamente y reclamadas por cientos de estudiantes durante más de un año, no derivaron en la destitución que la comunidad exigía. Ese es el patrón que hoy debería preocupar a quienes acudan a expresar su preferencia el día de mañana a la FCA. Es decir, no solo los hechos relacionados a Valdespín en aquellos años, sino qué tan dispuesta está la estructura universitaria a mirar hacia otro lado cuando el señalamiento involucren a alguien con posición de autoridad.
Elegir director no es solo elegir un nombre en la boleta. Es heredar, casi automáticamente, a las personas que ese nombre trae consigo. La comunidad de la FCA tiene derecho a preguntar, sin rodeos, qué garantías ofrece la candidatura de Renata Cuevas de que ese patrón —denuncias documentadas que no llevan a consecuencias— no se repita ahora a en caso de llegar a dirigir dicho espacio universitario.
http://web.uaemex.mx/gaceta/pdf/gacetas2018/Febrero18Web.pdf






















































