Toluca, Méx. El reclamo del Consejo General de Delegados del SUTESUAEM a la Rectoría de la UAEMéx no puede leerse solo como una lista de prestaciones pendientes. Detrás de la solicitud por apoyos ante el impacto del ISR, el adelanto de aguinaldo, la entrega de implementos de trabajo, la celebración del Día del Padre y la consideración del sindicato en nuevas contrataciones, aparece una pregunta incómoda para la Universidad. Qué tan incluyente puede llamarse una institución que mantiene a su personal administrativo en los márgenes de las decisiones que afectan su vida laboral.
En una carta fechada el 18 de junio de 2026 y dirigida a la rectora Martha Patricia Zarza Delgado, las y los delegados del SUTESUAEM expresaron preocupación e inconformidad por la falta de atención a necesidades que, señalan, históricamente han formado parte de los beneficios dirigidos a este sector de la comunidad universitaria.
El documento reconoce los retos financieros y administrativos de la institución, pero advierte que las decisiones recientes afectan directamente la economía, motivación y bienestar del personal administrativo sindicalizado.
El punto no es menor. En febrero, personal administrativo de la UAEMéx ya se había manifestado por el incremento salarial y por el impacto del ISR en sus percepciones, en un contexto en el que también se pidió mayor transparencia en las negociaciones laborales.
La nueva inconformidad confirma que el problema no quedó resuelto. Cambió de forma, se administró por momentos, pero siguió creciendo en el subsuelo de la vida universitaria.
El respaldo electoral no sustituye derechos laborales
Uno de los pasajes más delicados de la carta es la mención al proceso de elección de Rectoría. Los delegados recuerdan que el personal administrativo participó activamente y que fue uno de los sectores con mayor respaldo al proyecto institucional de la actual administración.
Esa afirmación tiene una carga política evidente. No porque los derechos laborales dependan de haber apoyado o no a una candidatura, sino porque revela una expectativa incumplida. La de una administración que prometió cercanía, sensibilidad e inclusión, pero que hoy enfrenta reclamos precisamente de quienes se sintieron parte de ese proyecto.
La Universidad debe tener cuidado con esta zona. Si el respaldo electoral se convierte en argumento para pedir atención, la relación institucional corre el riesgo de degradarse en una lógica de intercambio. Pero si la autoridad ignora el reclamo, también erosiona su propio discurso de comunidad, escucha y horizontalidad.
La salida no está en pagar lealtades, sino en reconocer derechos, revisar decisiones y transparentar prioridades.
Una comunidad no funciona solo con aulas abiertas
El personal administrativo suele aparecer en los discursos institucionales como fundamental para el funcionamiento de la Universidad. Sin embargo, cuando se discuten presupuesto, representación, incentivos, cargas de trabajo o reconocimiento, ese mismo sector con frecuencia queda colocado en segundo plano.
Ahí está el fondo de la inconformidad.
La carta del SUTESUAEM no solo reclama beneficios económicos. También exhibe una sensación de desatención acumulada. La falta de implementos de trabajo, por ejemplo, no es un asunto simbólico. Afecta directamente la operación cotidiana de escuelas, facultades, centros universitarios y oficinas administrativas.
Lo mismo ocurre con la omisión señalada en nuevas contrataciones. Si el sindicato afirma que no se le está considerando, la autoridad universitaria tendría que explicar con claridad cuáles son los criterios de contratación, qué plazas se han abierto, bajo qué modalidades y con qué participación sindical.
Sin esa información, el espacio lo ocupa la sospecha.
La igualdad también se mide en los gestos
La inconformidad por la ausencia de una celebración institucional del Día del Padre podría parecer secundaria frente a temas como ISR, aguinaldo o contrataciones. Pero en política laboral los gestos también comunican.
Si la Universidad organiza reconocimientos para algunos sectores y omite otros, abre una discusión sobre igualdad de trato. No se trata de convertir cada fecha en una obligación presupuestal, sino de cuidar la coherencia del discurso institucional.
Una comunidad universitaria no se sostiene únicamente con planes de desarrollo, informes o ceremonias. También se sostiene con señales cotidianas de reconocimiento, trato digno y escucha efectiva.
El desafío para Rectoría
La administración de Martha Patricia Zarza Delgado llegó con un discurso de apertura, diálogo y respeto a la autonomía sindical. Ahora, el desafío es demostrar que ese discurso puede traducirse en decisiones concretas.
La respuesta de Rectoría no debería limitarse a una reunión de contención ni a una explicación presupuestal genérica. El reclamo exige una ruta verificable. Calendario de atención, revisión de apoyos posibles, transparencia sobre contrataciones, claridad sobre implementos de trabajo y criterios públicos para cualquier medida relacionada con ISR o aguinaldo.
El peor escenario para la UAEMéx sería tratar el documento como una presión menor. Porque lo que está en juego no es únicamente una prestación, sino la confianza de un sector que sostiene buena parte de la operación diaria de la Universidad.
Una institución que habla de transformación no puede pedir paciencia indefinida a quienes abren oficinas, atienden trámites, resuelven procesos, sostienen servicios y hacen posible que la vida académica funcione.
La inclusión universitaria empieza también ahí. En quienes rara vez ocupan el centro del discurso, pero todos los días cargan con una parte silenciosa de la Universidad.






















































