La inconformidad de estudiantes de la Licenciatura en Enfermería de la Universidad Autónoma del Estado de México (UAEMéx), campus Zumpango, dejó de ser una queja aislada para convertirse en una petición colectiva dirigida a Rectoría, la Secretaría Académica, la Consejería Jurídica Universitaria y la Defensoría de los Derechos Universitarios. En diversos escritos entregados desde junio pasado, el alumnado denuncia la imposición de una nueva modalidad académica, presuntas conductas autoritarias de la coordinación de la licenciatura y la falta de respuesta efectiva de las autoridades universitarias.
De acuerdo con testimonios proporcionados a este medio, durante el semestre anterior se implementó un esquema en el que las prácticas hospitalarias se distribuían en diferentes sedes durante la semana. Sin embargo, los estudiantes sostienen que el modelo no cumplió con los objetivos formativos esperados, pues la rotación constante impidió dar continuidad a los pacientes y limitó la realización de procedimientos clínicos. Además, señalan que algunos hospitales manifestaron su intención de reducir o cancelar campos clínicos.
Frente a esta situación, la coordinación académica anunció la adopción de un sistema de «contra turno» para el siguiente semestre. La medida, aseguran los estudiantes, fue comunicada sin consulta previa y pese a las posibles afectaciones derivadas del incremento de la carga académica, los tiempos de traslado y la disminución del tiempo de descanso.
El problema adquiere una dimensión más compleja cuando se considera el contexto social del estudiantado. Según los testimonios recabados, algunos alumnos invierten hasta tres horas de traslado para llegar al campus, mientras que otros deben combinar sus estudios con actividades laborales o responsabilidades familiares. En ese escenario, el nuevo esquema podría traducirse en jornadas de hasta 12 o 14 horas fuera de casa, situación que, desde la perspectiva de la salud ocupacional y educativa, incrementa el riesgo de agotamiento físico y emocional.
La literatura científica ha documentado ampliamente el fenómeno conocido como burnout académico en estudiantes de ciencias de la salud. Investigaciones publicadas por la Organización Mundial de la Salud y por diversos estudios universitarios latinoamericanos advierten que las cargas excesivas de trabajo académico y clínico pueden afectar el rendimiento, la salud mental y la permanencia escolar. La educación clínica en enfermería exige altos estándares de formación, pero también requiere condiciones razonables de descanso y bienestar.
La denuncia va más allá del cambio de modalidad
La petición dirigida a Rectoría no se limita a cuestionar el nuevo esquema académico. El alumnado acusa a la coordinación de la licenciatura de mantener prácticas de comunicación autoritaria, falta de apertura al diálogo y decisiones unilaterales que han deteriorado la confianza institucional. Entre las inconformidades expresadas se encuentran la falta de atención a problemáticas estudiantiles, la ausencia de espacios de participación y una percepción de trato desigual dentro del programa educativo.
En el documento firmado por estudiantes se afirma que existe una «pérdida absoluta de confianza» en la actual coordinación y se solicita formalmente su destitución. Asimismo, los alumnos expresan temor a posibles represalias académicas derivadas de sus denuncias.
Aunque las acusaciones constituyen la versión del alumnado y deberán ser investigadas por las instancias universitarias competentes, el señalamiento sobre el temor a represalias merece atención particular. La Relatoría Especial para la Libertad de Expresión de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos ha sostenido reiteradamente que los entornos institucionales donde existe miedo a denunciar pueden generar efectos inhibitorios incompatibles con el ejercicio pleno de derechos fundamentales.
La otra denuncia apunta a la falta de respuesta institucional
Uno de los elementos más delicados del caso es la actuación denunciada respecto de las autoridades directivas del campus. Los estudiantes afirman que el pasado 5 de junio entregaron dos escritos a la Dirección del Centro Universitario UAEM Zumpango, pero que no recibieron acuse formal ni seguimiento posterior.
Desde una perspectiva jurídica, esta situación podría involucrar el derecho de petición previsto en el artículo 8 de la Constitución mexicana, el cual obliga a las autoridades a recibir y responder las solicitudes formuladas de manera pacífica y respetuosa. Los propios estudiantes argumentan que la ausencia de acuse y la falta de respuesta han generado incertidumbre y sensación de indefensión institucional.
El problema no radica únicamente en si la decisión académica es correcta o incorrecta, sino en la manera en que fue adoptada. Las universidades públicas contemporáneas se sustentan en principios de gobernanza participativa, diálogo y corresponsabilidad. Cuando decisiones que impactan directamente la formación profesional se toman sin mecanismos claros de consulta, se corre el riesgo de transformar la autoridad académica en una estructura percibida como vertical y distante.
Un conflicto que revela tensiones más profundas
La crisis en la Licenciatura en Enfermería de la UAEMéx Zumpango pone sobre la mesa una discusión más amplia sobre la gobernanza universitaria. ¿Hasta dónde pueden las autoridades modificar modelos académicos sin consultar a los estudiantes? ¿Qué mecanismos efectivos existen para denunciar posibles abusos de autoridad? ¿Cómo se protege a quienes expresan inconformidades frente a decisiones institucionales?
Las respuestas a estas preguntas no solo determinarán el futuro inmediato de una generación de estudiantes de enfermería. También pondrán a prueba la capacidad de la universidad para garantizar espacios de participación, transparencia y respeto a los derechos universitarios.
Por ahora, el alumnado asegura haber agotado las vías internas de diálogo y continúa a la espera de una respuesta formal de Rectoría, luego de haber presentado sus escritos desde el pasado 21 de junio. Mientras tanto, el conflicto permanece abierto y evidencia que, en ocasiones, la principal demanda estudiantil no es únicamente cambiar una modalidad académica, sino ser escuchados.






















































