Una canción nacida por la muerte de un amigo durante la guerra y otra inspirada en los días en que cientos de viajeros quedaron varados lejos de su país durante la pandemia formaron parte de una jornada en Toluca donde la música sirvió para hablar de memoria, pérdida y de los vínculos culturales que México y Rusia han construido durante décadas.
La Escuela de Artes Escénicas de la Universidad Autónoma del Estado de México realizó este jueves 3 de septiembre la octava edición de la Jornada Internacional de la Voz y Canto, que reunió a estudiantes, docentes, artistas y representantes diplomáticos alrededor de una pregunta que fue más allá de la técnica vocal: qué puede contar la voz sobre los momentos difíciles que atraviesan las sociedades.
La edición 2026 estuvo dedicada al 85 aniversario del inicio de la llamada Gran Guerra Patria —nombre utilizado en Rusia para referirse al periodo de la Segunda Guerra Mundial que comenzó con la invasión alemana de la Unión Soviética en 1941— y a cinco décadas de intercambios culturales y artísticos entre México y Rusia.
Canciones que nacieron de experiencias personales
Uno de los momentos centrales fue la presentación de dos composiciones del cónsul de la Federación de Rusia en México, Yakov Federov.
La primera, La voz de los campos rusos, surgió del recuerdo de un amigo de infancia que murió como soldado. La pieza lleva una experiencia personal de duelo al terreno musical y convierte ese recuerdo en una reflexión sobre quienes no regresan de los conflictos armados.
La segunda, La vanguardia consular, tiene un origen mucho más reciente. Federov explicó que la escribió a partir de su experiencia como funcionario consular durante la pandemia de COVID-19, cuando ciudadanos rusos que se encontraban como turistas o viajeros en distintos países enfrentaron dificultades para regresar a casa.
Las obras fueron interpretadas por Marina Romanova, Horacio Rico, José Alfredo Zendejas, John Urness, Olga Sotnikova y Augusto Chauvet.
Para Olga Sotnikova, profesora de la Escuela de Artes Escénicas y coordinadora de la jornada, estudiar la voz también implica entender su papel fuera de los escenarios.
“La voz humana, como se ha demostrado en distintos contextos bélicos, no fue solamente un recurso estético, sino un instrumento de resistencia, cohesión social y supervivencia”, explicó.
Desde esa perspectiva, señaló, acercar a los estudiantes a estas historias permite comprender al canto no únicamente como una disciplina artística, sino también como una forma de conservar testimonios colectivos.
Una relación cultural que también pasó por Toluca
La jornada recuperó además una parte poco conocida de la historia cultural de la capital mexiquense.
Jesús Téllez Rojas, cronista de la Escuela de Artes Escénicas, recordó que durante la década de 1970 Toluca contó con presencia de una delegación vinculada con la entonces representación diplomática soviética, lo que permitió un contacto más cercano de habitantes de la ciudad con expresiones culturales provenientes de aquel país.
Décadas después, esa relación encuentra continuidad en actividades académicas y artísticas como esta jornada.
El programa incluyó el taller Fonética del idioma ruso aplicada a la música coral, el conversatorio Voz, narración y construcción dramatúrgica, el concierto de gala La voz en tiempos, de la memoria a la trascendencia y una muestra gastronómica rusa.
Más que una conmemoración diplomática, el encuentro colocó sobre el escenario historias personales y colectivas atravesadas por guerras, migraciones, pérdidas y crisis contemporáneas, mostrando cómo una canción puede convertirse también en una forma de conservar la memoria.






















































