Estudiar una carrera, cumplir una jornada laboral o desarrollar investigación mientras se cuida a hijos, personas mayores, familiares enfermos o dependientes es una realidad para parte de la comunidad universitaria. Hasta ahora, esas responsabilidades suelen resolverse en el ámbito privado, muchas veces a costa del tiempo, la permanencia escolar o el desarrollo profesional de quienes cuidan.
La Universidad Autónoma del Estado de México aprobó una Política Institucional para la Universidad Cuidadora que busca comenzar a modificar esa situación mediante espacios, programas, cambios normativos y acciones de bienestar dirigidas a estudiantes, personal académico y trabajadores administrativos.
La política parte de reconocer que quienes integran la Universidad no solo estudian, enseñan, investigan o trabajan. También cuidan y, en distintos momentos de su vida, pueden necesitar ser cuidados.
El planteamiento es que esas responsabilidades no terminen convirtiéndose en un obstáculo para continuar una carrera, cumplir actividades laborales, participar en la vida universitaria o desarrollar un proyecto personal.
De los cuidados privados a una responsabilidad institucional
Uno de los cambios de fondo es dejar de considerar los cuidados únicamente como un asunto individual o familiar.
La política establece que también existe una responsabilidad institucional para generar condiciones que permitan conciliar las actividades académicas y laborales con las necesidades de cuidado.
Entre las medidas previstas se encuentra el desarrollo progresivo de salas de lactancia, ludotecas y áreas de alimentación, además de otros espacios destinados a atender necesidades de la comunidad.
También contempla acciones de bienestar físico, emocional, social y ambiental, así como modificaciones al marco normativo universitario para incorporar de manera permanente la perspectiva de cuidados y de género.
Otro de sus componentes será la sensibilización de la comunidad universitaria para reconocer que cuidar forma parte de la vida cotidiana y que esa tarea puede generar desigualdades cuando recae de manera desproporcionada sobre determinadas personas.
La política se organiza en cinco ejes relacionados con infraestructura de cuidados, concientización, adecuaciones normativas, bienestar integral y cuidado del medio ambiente.
El reto será que llegue a la vida cotidiana
La nueva política será obligatoria para organismos académicos, centros universitarios, preparatorias y dependencias académicas y administrativas, dentro de las atribuciones que correspondan a cada espacio.
Eso implica que, al menos en el papel, su alcance abarcará prácticamente toda la estructura universitaria.
La diferencia entre una declaración institucional y una transformación real, sin embargo, dependerá de lo que ocurra después: cuántos espacios de cuidado se habiliten, qué presupuesto se destine, qué normas se modifiquen y qué tan accesibles sean las medidas para quienes realmente las necesiten.
La discusión no se limita a instalar salas de lactancia o ludotecas. El fondo está en reconocer que las responsabilidades familiares y de cuidado pueden afectar de manera directa las posibilidades de estudiar, trabajar o permanecer dentro de una institución.
Con esta política, la Universidad abre una ruta para comenzar a atender esa realidad. El siguiente paso será comprobar si esa ruta logra traducirse en cambios visibles para quienes todos los días intentan combinar clases, trabajo y cuidados.























































