De los juegos infantiles frente a un micrófono imaginario a casi dos décadas en UniRadio, la locutora convirtió la voz en una herramienta para contar historias, acompañar a la audiencia y abrir espacio a otras personas.
Una vocación que comenzó como juego
Antes de conocer una cabina de radio, Lorena Rodríguez ya jugaba a entrevistar. Inventaba personajes, hacía preguntas frente a un micrófono imaginario y se veía algún día trabajando en los medios de comunicación.
Años después, aquella curiosidad infantil encontró su lugar frente a un micrófono real. Hoy suma casi dos décadas de trabajo en UniRadio, la radiodifusora de la Universidad Autónoma del Estado de México, donde ha pasado por distintos formatos y ha construido una carrera ligada a la locución, la cultura y la narración de historias.
Nació en la Ciudad de México y llegó a Toluca cuando tenía seis años. Desde pequeña estuvo cerca de contenidos periodísticos y culturales que veía junto a su padre. Con el tiempo, voces como las de Charo Fernández y Fernanda Tapia se convirtieron en referentes para una joven que comenzaba a descubrir las posibilidades de la comunicación.
“Siempre me creí inmersa en los medios de comunicación; tenía muy presente que quería entrevistar a la gente. Cuando crecí me fui dando cuenta del poder que tenía mi voz y entonces me empecé a interesar muchísimo más por la radio”, recordó.
Estudiar Comunicación le permitió experimentar con fotografía, televisión, radio y otras expresiones artísticas. Sin embargo, fue frente al micrófono donde encontró el lenguaje que terminaría definiendo buena parte de su trayectoria.
Durante los últimos semestres de la carrera trabajó como locutora y guionista en un programa de la Comisión de Derechos Humanos del Estado de México para Radio Mexiquense. Ahí comprendió que hablar ante una audiencia implicaba algo más que tener una buena voz.
“Me di cuenta de que lo que yo hablo es un mensaje que le llega a la gente y que puede cambiar ciertas perspectivas o hacerlos reflexionar sobre ciertos temas. Y creo que eso habla también de la responsabilidad que tienes cuando se abre el micrófono”, señaló.
Su trayectoria también pasó por la televisión cultural y el doblaje, aunque la radio terminó convirtiéndose en el espacio profesional donde encontró mayor libertad.
En UniRadio ha participado en distintos formatos, entre ellos el noticiero, y actualmente forma parte de la revista cultural Signos en Rotación, produce Radio Emociones y conduce Los cuentos de Saku Chán, un proyecto inspirado en un libro de su autoría editado por la UAEMéx y dirigido principalmente a las infancias.
En este último programa convergen varios elementos que han acompañado su vida desde pequeña, entre ellos la imaginación, las historias y la posibilidad de conectar con otras personas a través de la palabra.
El micrófono también fue refugio
La carrera de Lorena no ha transcurrido únicamente entre programas y cabinas. Uno de los periodos más difíciles llegó durante la enfermedad de su madre, cuando tuvo que combinar las jornadas laborales con el cuidado familiar y las noches en el hospital.
En esos días, encender el micrófono adquirió otro significado.
“La parte de vivir la enfermedad de alguien se vuelve muy difícil cuando tienes tantas cosas alrededor. Yo llegaba de dormir en el hospital y luego tenía que trabajar, pero creo que era algo que me ayudaba. Al abrir el micrófono me desconectaba de todo lo que había vivido hacía unas horas y trataba de mostrarle al público mi mejor trabajo”, relató.
La radio se convirtió entonces no sólo en una profesión, sino también en un espacio para hacer una pausa frente a una realidad personal complicada.
Fuera de la cabina, Lorena es madre de dos hijos, una joven de 20 años y un adolescente de 13, quienes crecieron acompañando de cerca una carrera marcada por programas, horarios y micrófonos.
También encuentra equilibrio al correr, practicar yoga, ver películas con su familia y recorrer museos y exposiciones. Son actividades que mantienen viva una curiosidad que, de alguna forma, sigue conectada con aquella niña que jugaba a entrevistar.
Después de casi dos décadas en la radio universitaria, Rodríguez conserva una idea sencilla sobre su trabajo. Detrás de cada transmisión puede existir alguien que escucha mientras conduce, estudia, trabaja o simplemente busca compañía.
“La radio es algo que amo, algo con lo que yo siempre soñé. Me siento muy feliz de poder volverme ese puente de comunicación para muchas personas y también darle voz a muchas otras y que se les dé cabida dentro de la radio universitaria o cultural”, afirmó.
Aquella niña que imaginaba entrevistas terminó encontrando su lugar. No fue exactamente frente a una cámara de televisión, sino dentro de una cabina, ante un micrófono y con una audiencia que casi nunca puede ver, pero a la que lleva años hablando.























































