Hace diez años, Virgilio Eduardo Trujillo Condes aparecía en una publicación que realicé sobre denuncias de abusos laborales en la Facultad de Medicina de la UAEMéx. Hoy, después de obtener el mayor respaldo en la elección para dirigirla, su historia permite reflexionar sobre lo fácil que puede cambiar nuestra posición frente al poder y lo importante que resulta no olvidar de dónde venimos.
Hay historias que el tiempo se encarga de poner en perspectiva. Hace unos días, al conocer los resultados de la elección para renovar la Dirección de la Facultad de Medicina de la Universidad Autónoma del Estado de México (UAEMéx), recordé una grabación que realicé hace poco más de diez años. En ella aparece Virgilio Eduardo Trujillo Condes, quien entonces vivía circunstancias muy distintas a las actuales.
Era junio de 2016. La Facultad de Medicina atravesaba un conflicto laboral que involucraba a tres docentes que denunciaban presiones y decisiones arbitrarias de sus autoridades. Entre las afectadas había dos mujeres embarazadas que aseguraban haber sido objeto de hostigamiento y a quienes se les había impedido ingresar a sus instalaciones.
Acudí personalmente a documentar los hechos. Recopilé sus testimonios y abordé a funcionarios universitarios para preguntarles quién había ordenado aquellas medidas y por qué se estaba tratando de esa manera a las profesoras.
En aquellas imágenes, un funcionario niega que se hubiera impedido el acceso a las docentes, mientras que las afectadas sostienen lo contrario. También aparece Virgilio Trujillo, entonces inmerso en un entorno de incertidumbre laboral en el que, por lo que pude conocer durante aquella cobertura, su propia permanencia en la Universidad parecía estar comprometida.
Lo que presencié aquella vez me permitió conocer una cara constante de la vida universitaria que difícilmente aparece en los informes oficiales: trabajadores que temen perder su empleo, autoridades que evaden preguntas y personas que necesitan hacer público su problema para conseguir que alguien las escuche.
Cuando la denuncia rompe el silencio
El 15 de junio de 2016 publiqué en PrensaUniversitaria.press el video titulado ¿Mal entendido o actitud dolosa?.
La difusión del material, las denuncias de las personas afectadas y la respuesta de la comunidad universitaria en redes sociales contribuyeron a que las autoridades intervinieran y se frenaran los despidos cuestionados.
Recuerdo que en esos días reconocimos públicamente la disposición mostrada por los funcionarios enviados desde Rectoría para atender el conflicto. Sin embargo, también dejamos una pregunta pendiente: ¿Quién había ordenado las actuaciones denunciadas?
Nunca se trató de señalar culpables sin pruebas. Se trataba de escuchar a quienes denunciaban irregularidades y exigir explicaciones a quienes tenían la responsabilidad de conducir una institución pública.
Esa es una de las funciones más importantes del periodismo. Una denuncia puede resultar incómoda para la autoridad, pero cuando está sustentada en hechos y testimonios, su difusión puede abrir posibilidades de solución que antes parecían cerradas.
Diez años después, las circunstancias cambiaron
El pasado 21 de octubre de 2026, Virgilio Trujillo obtuvo 906 votos en la consulta para elegir a la persona que dirigirá la Facultad de Medicina durante los próximos cuatro años.
Superó a Beatriz Elina Martínez Carrillo, quien consiguió 584 sufragios, y encabezó las preferencias de los sectores estudiantil y administrativo. Entre los docentes, en cambio, Martínez Carrillo recibió el mayor respaldo.
Ese resultado coloca a Trujillo en una posición que difícilmente habría imaginado cuando documenté aquel conflicto de 2016.
De estar cerca de perder su lugar en la institución, según la situación que conocí entonces, hoy se encuentra a las puertas de asumir la responsabilidad de dirigirla.
Y aquí es donde aquella historia deja de ser una simple anécdota.
La memoria también debería acompañar al poder
En las universidades, como en cualquier institución, las autoridades cambian. Quienes hoy toman decisiones mañana pueden encontrarse del otro lado del escritorio. A veces basta una diferencia de criterio, una inconformidad laboral o una denuncia para descubrir lo vulnerable que puede sentirse una persona frente a una estructura administrativa.
Por eso me parece importante recuperar estas imágenes ahora. Porque cuando Virgilio Trujillo tome las riendas de la Dirección de Medicina, tendrá la oportunidad de demostrar que conoce la diferencia entre ejercer autoridad e imponer decisiones; entre escuchar una crítica y considerarla una amenaza; entre aplicar la normatividad y utilizarla como instrumento de presión.
Hoy es oportuno resaltar y ayudar a recordar que quien ha conocido la incertidumbre frente a una autoridad debería ser especialmente sensible cuando le corresponde ejercerla.
Tampoco debería olvidar que detrás de cada expediente laboral, inconformidad estudiantil o desacuerdo académico existen personas cuya estabilidad, reputación y futuro pueden verse afectados.
El respaldo obtenido en las urnas representa una oportunidad, pero también una responsabilidad. Y esa responsabilidad alcanza incluso a quienes no votaron por él, a quienes discrepen de sus decisiones y a quienes eventualmente tengan motivos para denunciar irregularidades durante su administración.
Al volver a mirar aquel video de 2016, pienso también en el valor de las mujeres que en conjunto con él se atrevieron a denunciar públicamente y en la importancia de que existan medios dispuestos a escuchar y preguntar, aun cuando sus cuestionamientos resulten incómodos.
Diez años después, la historia coloca a Virgilio Trujillo a un paso de ocupar el lugar desde el cual se toman decisiones que afectan a toda una comunidad académica. Sinceramente espero que, cuando llegue ese momento, recuerde lo que significaba encontrarse del otro lado, y que parte del aprendizaje de aquella experiencia se refleje en una gestión cercana a su comunidad, abierta a la crítica y respetuosa de los derechos de quienes piensen distinto, para que nadie tenga que enfrentar nuevamente el temor, la incertidumbre o las presiones que documentamos en 2016.





















































