Una investigación de la UAEMéx advierte que las responsabilidades domésticas, los bajos ingresos y la falta de oportunidades laborales pueden llevar a las mujeres a recurrir a préstamos informales, exponiéndolas a cobros abusivos y mayores dificultades económicas.
Atizapán, Estado de México, 3 de noviembre de 2026. Para muchas mujeres mexicanas, conseguir dinero para alimentar a sus familias, pagar consultas médicas o cubrir gastos escolares puede significar adquirir una deuda que después resulta difícil de pagar. Detrás de esta situación no solo hay problemas de ingresos, sino desigualdades laborales y responsabilidades de cuidado que recaen principalmente sobre ellas.
Así lo plantea Jessica Alicia Veloz Cano, académica del Centro Universitario UAEM Valle de México, quien investigó la relación entre las condiciones económicas de las mujeres y su acceso al financiamiento en su trabajo doctoral Reproducción social e inclusión financiera. El endeudamiento de las mujeres mexicanas de 2021 a 2024.
La investigadora explica que las dificultades para conseguir empleos formales, los salarios desiguales y las jornadas dedicadas al hogar y al cuidado de otras personas reducen las posibilidades de acceder a servicios financieros regulados. Cuando los ingresos no alcanzan, recurrir a préstamos informales puede convertirse en una alternativa para resolver necesidades inmediatas.
Préstamos pequeños que pueden convertirse en grandes problemas
Veloz Cano advierte que algunos microcréditos informales operan bajo condiciones abusivas, con mecanismos de cobro que pueden incluir amenazas y prácticas ilícitas. A ello se suman otras formas de financiamiento, como las tandas, cuyo cumplimiento puede generar presión social entre quienes participan.
La académica describe esta dinámica como «un círculo vicioso de endeudamiento sobre endeudamiento», especialmente cuando las mujeres solicitan créditos para cubrir gastos cotidianos y no cuentan con ingresos suficientes para liquidarlos.
El problema tampoco termina en el bolsillo. La preocupación constante por cumplir con los pagos puede provocar desgaste emocional y afectar la salud mental, particularmente cuando las deudas se acumulan mientras continúan las responsabilidades familiares.
Una desigualdad que también se mide en horas
Los hallazgos expuestos por la universitaria encuentran contexto en las estadísticas nacionales. De acuerdo con la Encuesta Nacional sobre Uso del Tiempo 2024 del INEGI, las mujeres dedicaron en promedio 39.7 horas semanales al trabajo doméstico, de cuidados y voluntario no remunerado, frente a 18.2 horas de los hombres.
La diferencia también aparece en el acceso a productos financieros. La Encuesta Nacional de Inclusión Financiera 2024 registró que 72.8% de las mujeres adultas contaba con al menos un producto financiero formal, frente a 80.9% de los hombres.
Veloz Cano señala que estas condiciones no solo dificultan obtener créditos para adquirir bienes como viviendas o automóviles, sino que pueden limitar el acceso a la seguridad social y a mecanismos de ahorro para el retiro.
Por ello, considera necesario estudiar las desigualdades económicas desde una perspectiva que tome en cuenta las distintas condiciones sociales de las mujeres, particularmente aquellas relacionadas con la maternidad, el empleo y las tareas de cuidado.
Su investigación pone sobre la mesa un problema que va más allá de la educación financiera. Cuando el trabajo de cuidar no recibe remuneración y las oportunidades laborales son limitadas, las deudas pueden terminar convirtiéndose en otra carga para quienes ya sostienen buena parte de las responsabilidades familiares.




















































